Hay jardines que se anuncian y otros que casi se esconden. Jardines que buscan destacarse y otros que prefieren fundirse con el entorno hasta volverse parte del paisaje. Estos son ejemplos, en casas reales, de jardines que se proponen como una continuidad natural del territorio antes que como un elemento autónomo.
El volumen principal de la casa está pigmentado con matices terrosos. Foto: Gonzalo Viramonte
El arquitecto cordobés Santiago Bertotti diseñó para sí mismo una casa a la medida de la montaña, donde el paisaje no es solo telón de fondo: es el punto de partida.
La casa, ubicada en Mendiolaza, se apoya en la topografía existente y el jardín acompaña esa decisión, respetando las visuales abiertas, los desniveles y el carácter del entorno serrano.
El paisajismo —por Blas Spina— diseñó un jardín de gramíneas, herbáceas y arbustos autóctonos de poco mantenimiento y dispuesto de manera suelta para un aspecto natural y silvestre.
El verde no busca ordenarlo todo ni imponer una geometría rígida, sino reforzar la sensación de estar inmerso en la naturaleza.
El piso de calcáreo dibuja la geometría rectangular de la piscina alargada para nadar y los senderos delimitan formas circulares de piedra y césped. La única ventana que da al frente se hizo para enmarcar la vista del Chañar. Fotos: Gonzalo Viramonte
— Santiago Bertotti
El portón de ingreso en madera maciza de kiri reproduce el patrón cuadriculado de la fachada. Enmarcada por el acabado cementicio pigmentado, la galería se completa con columnas macizas, cielo raso y piso de Laurel, éste último hecho con tablas enteras de distinto ancho. Fotos: Gonzalo Viramonte
— Santiago Bertotti
El calado aporta ventilación, privacidad y rusticidad. Foto: Gonzalo Viramonte
Roca, vegetación y mar. Entre estos tres elementos naturales, el jardín funciona como un espacio de transición, un filtro entre la arquitectura y el paisaje abierto.
Con esta filosofía, Oro del Negro —socio de More Design— reformó esta casa de campo en Mallorca donde la vegetación suaviza los límites, acompaña la presencia de los muros y permite que la vista al mar siga siendo la gran protagonista.
Para lograrlo, convocó a la paisajista Katerina Christensson con el objetivo de que trabajara el parque en profundidad, respetando los árboles añosos y colocando una profusión de plantas cerca de las ventanas para establecer una relación cotidiana con el verde.
Con total fluidez, el jardín abraza la estructura arquitectónica de materiales naturales: piedra recuperada y maderas autóctonas. Foto: Greg Cox
“Al excavar los cimientos encontramos esta roca fabulosa, y la conservamos para hacer ‘flotar’ sobre ella una mesa de teca. La colocamos a la sombra de un árbol, de cuyas ramas colgamos lámparas de mimbre”.
Después de recorrer el parque se llega a este fantástico mirador al Mediterráneo, con un asiento semicircular hecho en obra que es casi un anfiteatro para admirar el atardecer. Fotos: Greg Cox
“Dados los gruesos muros de piedra que se hicieron alrededor del parque y el reparo que brinda la casa misma, pudimos crear esta atmósfera algo tropical y siempre verde”.
En la galería a la que dan uno de los tres dormitorios y el comedor diario (al fondo), el piso se hizo con el mismo mortero de cal que los del interior, pero acá con un dibujo trazado con piedras del lugar cortadas a mano. Los ambientes tienen grandes ventanales que conectan con la vegetación del jardín en diálogo con las plantas de interior. Fotos: Greg Cox
A una hora del centro porteño, en conexión total con la naturaleza, este refugio parece flotar sobre el paisaje del Delta del Tigre.
Carla Van Praet y Germán Vigil están al frente de las cabañas Las Casuarinas, cuya estructura se levantó con maderas renovables (Aserradero Newton) y techo a cuatro aguas.
El paisajismo se diseñó en función de la tradición isleña, con sauces y casuarinas que, aunque no son autóctonas, están fuertemente arraigadas a la cultura local y le dan nombre a la cabaña.
Así, el verde no se presenta como un diseño cerrado, sino como una intervención mínima que permite habitar el lugar sin alterarlo, una parte del mismo sistema natural.
La cabaña conecta con su entorno a través de dos galerías: la del frente mira al Oeste y esta, conectada con el cuarto, para contemplar el amanecer. Fotos: Santiago Ciuffo/LIVING
— Carla Van Praet y Germán Vigil
Agradecemos a Living su colaboración en esta nota.
